lunes, 30 de noviembre de 2009

Clavel del aire.


Hay personas que pinchan un mondadientes en una maceta y consiguen que brote. En mi pueblo se dice que esas personas tienen “mano verde”. No es mi caso. Más bien, se podría decir que yo tengo “garras”. Para que veáis que no exagero os pondré como ejemplo que, yo solita y sin ayuda de nadie, he conseguido secar dos cactus. Aun así, me gustan las plantas y sigo intentándolo.

Hoy un amigo me ha regalado una planta que siempre me ha gustado e intrigado: un Clavel del aire. Hasta el nombre es bonito. Mirad si es bonita esta planta que, buscando por los interneses qué cuidados necesita, he encontrado que no sólo tiene leyenda propia sino que también hay un tango que lleva por título su nombre.

¡Ea! Aquí tenéis, la leyenda. La he encontrado aquí.

Se cuenta una hermosa y triste leyenda sobre el clavel del aire, planta que vive pendiendo de los troncos o ramas de añosos algarrobos o de los pelados peñascos. Refiere la misma que durante una minga, un joven oficial español se enamoró de una indiecita conocida por Shullca, la que en ningún momento correspondió al apasionado amor de aquél. Juró entonces vengarse de la que así despreciaba su cariño, y una tarde en la que la halló sola en la sierra comenzó a perseguirla. La niña, en su desesperación, trepó a la rama más alta de un coposo algarrobo que el viento balanceaba amenazando derribarla. Pidiole el joven con buenas palabras que bajara, prometiéndole respetarla si así lo hacía. Como la niña se negara a ello, le amenazó con su puñal. Lo que no pudo la súplica, menos logró la amenaza. Y entre despechado y furioso arrojó el arma que fue a clavarse en el pecho de la infeliz. Como un pájaro cayó el cuerpo de Shullca en el vacío y tras él, el del oficial hispano. Una gota de sangre alcanzó, empero, a humedecer el tronco del árbol. Y allí nació el clavel del aire, que antes de una flor es, al decir de Joaquín V. González, un rayo de luz modelado en la forma de los lirios místicos, con tres pétalos de suavísimo y casi volátil tejido con la blancura y el aroma de la virginidad seráfica, porque es el alma de la tierra, y encarnada en tan delicioso cuerpo, vive encima de ella, impregnándola de su aliento que es gracia y amor.

Y aquí el tango que, para colmo, está cantado por Carlos Gardel. Más no se puede pedir.




Foto: Clavel del aire en el Jardín Botánico de Sóller.

10 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Secar un cactus es todo un logro.:-)

Carlos Gardel... Como dicen los argentinos, "Carlitos cada día canta mejor".

Anjanuca dijo...

Pues yo lo he hecho dos veces, Juán Nadie :):) ¿Entraría en el Guinnes? Tengo que mirarlo.

Besucos.

Logio dijo...

Hoy sería violencia de género y no inspiraría leyenda alguna.

Anjanuca dijo...

Ni se me había pasado por la cabeza, Logio. Entonces ¿No podré poner "Caperucita Roja en la sección de "Para futuros lectores"? Lo digo por lo del maltrato a los animales.

Besucos.

El tejon dijo...

Esta planta no necesita ningún cuidado Anjanuca, se mantiene con la humedad del aire y en verano florece, da unas flores pequeñucas pero muy vivas de color. En Santillana no hay balcón del que no cuelguen varios ejemplares, además se hace negocio con ellas y se pagan muy bien.
Un beso.

Anjanuca dijo...

Hola Tejón, ya he visto que no necesita ningún cuidado en especial. A lo mejor por eso me la han regalado jajaja, para que me dure.

Besucos.

Anderea dijo...

Anjanuca, si te dura tu clavel, avísame, por favor. Y así, haré la prueba, y tal vez cambie mi fama de "buena garra" para las plantas.

Un abrazo.

Anjanuca dijo...

Jajaja, Anderea ¿Tú también?. ¡Ay! gracias amiga, me siento arropada ;)

Besucos.

Merce dijo...

Secar un cactus tambien requiere de "ciertos cuidados" :)

No conocia la leyenda y mira que son tipicas estas plantitas por los balcones de la costa...

Gracias por tu visita :)

Saludiños

Anjanuca dijo...

Jajaja, a lo mejor fue eso Merce. Les mimé tanto que los eché a perder :)

Gracias a tí.
Un besuco.