jueves 15 de marzo de 2012
Creo que ya he comentado alguna vez que me cuesta leer poesía, quizás porque el poeta tiene una sensibilidad especial para ver y sentir. Una sensibilidad que es una arteria más de su corazón y, por tanto, es de ahí de donde salen las palabras que forman sus poemas. Y yo soy todo lo contrario: yo soy pragmática tirando a bruta como un arado.
Que sea como soy, no impide que cierta poesía me sacude la conciencia y el alma.Tiendo a leer a poetas que evitan, en la medida de lo posible, el uso abusivo de metáforas y mitologías. Mis poetas son Benedetti, Juan Helmann, Wislawa Szymborska, Gloria Fuertes, Javier Mascaró… Poetas cercanos, poetas para el público de a pie, no el de salones barrocos.
Intento que esta relación "poesía VS borrica" vaya creciendo y enriqueciéndose y por eso, a veces, me animo a asistir a lecturas o presentaciones de libros de poemas. Reconozco que han sido muchas las ocasiones en que, cuando la lectura ha acabado, la conclusión ha sido: "Pedazo de rollo me acabo de tragar. No me he enterado de nada.". Pero otras veces la sensación ha sido de puro placer. Ayer fue uno de esos días.
Ayer la poeta Alicia García Núñez presentaba en la librería La Biblioteca de Babel sus poemarios "Sombras cuarteadas de neón" y "La historia sin nosotras".
Alicia no contó mucho de su vida (se supone que es lo que todo escritor tiene que hacer para que los lectores busquen una conexión entre su obra y su vida. ¡En fin!) tan sólo que es berlinesa , concretamente de Elche, que no le gusta el color rosa y que, al igual que yo, opina que Gloria Fuertes no ha sido reconocida con el respeto que se merecía.
Los poemas de Alicia son cercanos, hablan de la vida. Uno se puede ver reflejado en ellos. Los momentos de los que hablan son momentos en los que todos nos podemos identificar. Pongo un ejemplo para que escarbéis en la memoria:
"Entre tanto, mientras espero el beso,
te intentaré tocar el alma con los ojos.
¿Quien sabe, tal vez acierte esta vez?
Pues eso, que después de un largo día de trabajo entrar en mi preciosa librería (¿Por qué siempre digo "mi" librería, si no lo es? Yo no pago las facturas.), pedir una copa de buen albariño, pasear tranquila entre los libros y disfrutar de un recital como el de ayer, es un regalo que no tiene precio.








