jueves, 15 de octubre de 2009

Déjate contar un cuento - Paula Farias.

Es curioso pero, a veces, tengo en las estanterías del olvido libros que en su día fueron muy importantes por la enseñanza que aportaron. Pueden pasar meses, años, sin que me acuerde de ellos hasta que, así como por arte de magia, sucede algo que me los trae de nuevo a la memoria y los recuerdo como si los hubiese leído dos horas antes.

Eso es lo que me ha sucedido esta semana, gracias a la “provocación” de
Senovilla y Angel Cabrera, con “Déjate contar un cuento” un libro maravilloso tanto por su contenido como por las fotografías que le ilustran.

Ayer, mientras me daba un atracón de mandarinas (o clementinas, que no consigo saber cuál es cuál, pero da igual están buenísimas) decidí volver a leerle de nuevo. Y así, con esta segunda lectura, me he dado cuenta de dos cosas:

La primera, que “Déjate contar un cuento” es un cofre lleno de humanidad. La segunda, que esa humanidad la enseñan no sólo los protagonistas de las historias sino también las personas que día a día ceden gratuitamente su tiempo y su amor por estos protagonistas.

Y en esas cavilaciones andaba yo, en pensar cuánta gente anónima y fantástica hay por esos mundos poniendo sus conocimientos y su tiempo a disposición de todas aquellas personas que lo necesitan, cuando va mi paisanuco
Tejón (que debe de tener algo de telepatía) y ese mismo día me descubre que en algún sitio de mi ciudad, puede que hasta cerca de mi barrio, vive una de esas personas. Se llama Elena y es enfermera voluntaria de Médicos del Mundo. Me cuenta mi paisanuco que Elena está pasando ahora por un mal momento y, por eso, he pensado que los que estos días hemos hablado de Solidaridad quizás podríamos darnos una vuelta por su casa para animarla un poquito. No sé pero creo que es justo dar un poco de cariño a quien tanto y con tanta alegría da.

Por la parte que a mi me toca, y ya que esta vez la “lianta” voy a ser yo, le dedico esta entrada con todo mi cariño y mi admiración por el trabajo que realiza.

Aquí dejo para ella, uno de los cuentos que forman parte de “Déjate contar un cuento”. Está contado por un niño que vive en uno de esos barrios, de la periferia de alguna ciudad, donde centenares de personas viven en los fondos más oscuros de la pobreza.

VIVO EN UN PUZZLE. Mi casa es un puzzle de colores. Está hecha de trozos de muchas cosas; maderas, trapos, latas, recortes de aquí y allá. Y resulta confortable, aunque a veces falten piezas y por los huecos se cuele el aire y los ruidos de la calle y todo.

Antes vivíamos en el pueblo y todo era más fácil, las casas eran de tierra y caña y si faltaba alguna pieza íbamos al monte a buscarla. Pero ahora no. Ahora si falta algo hay que salir a buscar al basurero de la esquina que es donde tiran todos los restos de los otros puzzles que ya no sirven para nada.

Mi casa es distinta de todas las demás. La casa de mi amigo Biko es un puzzle también, pero de otro juego. Sus piezas no encajan en la mía, o a lo mejor sí, a lo mejor es que al construir todo esto se mezclaron las cajas y por eso es todo de colores. Porque ya podía ser que toda mi casa fuera del mismo cartón y la de Biko de la misma lata, aunque así el barrio siguiera teniendo esa misma pinta de puzzle.

De todas formas a veces pienso que a lo mejor yo también estoy en el juego equivocado.

9 comentarios:

Alijodos dijo...

Buenas...he venido al leer a senovilla...este libro habra que leerlo..el cuento que pones me ha puesto los vellos de punta...te sigo si no te importa pues me gusta tu blog...un abrazo...

Anjanuca dijo...

Buenas noches Alijodos, es un placer tenerte en casa.

Creo que de todos los cuentos este es el que más me llamó la atención, no sé quizás por la asociación de ideas que puede llegar a tener un niño.

Aun así, no sabría decir cual de los relatos es más conmovedor.

Un besuco.

Chema Barragán dijo...

Hola,

Vengo de ver el blog de Elena y ya le he dejado mi Rayajo. En mi comentario le decía que acababa de conocer como trabajan los ángeles. Ahora resulta que no es uno a quien he visto si no a dos, bueno, a tres si cuento a Senovilla Realmente tu corazón tiene que ser un deleite. : )

Saludos

Anjanuca dijo...

Hola Chema,

No me digas eso, por favor, que no es cierto. Yo sólo soy una de tantas personas que caminan por la vida enriqueciéndose de gente como Elena. Quienes realmente merecen tus palabras son ella y todas las personas anónimas que como ella da el ciento por cien de su cariño a los demás.

Un besuco.

Amio Cajander dijo...

no, un puzzle no... un rompecabezas!!

Balovega dijo...

Hola amiga...

Un bello libro que no he tenido el gusto de leer, y del que me he quedado con ganas de leer más.

Me encanta leer, aunque tengo poco tiempo para ello y siempre tus recomendaciones son dignas a tener en cuenta..

Un abrazo de buen fin de semana

Elena, Elenita, Elenitaza dijo...

Hola Anjanuca:
Muchas gracias por visitar mi casa (me ha gustado la expresión), y por todas las cosas que dices, y por el cuento que me dedicas.
Me siento un poco abrumada, pues lo que hago, lo hago porque creo que tengo que echar una mano a gente de mi entorno, que viven en situación de exclusión social, y nada más....y sin esperar nada a cambio.
Me encanta haberos conocido y saber que me respaldáis, me animáis, y saber que en alguna ocasión puedo pediros consejo o echar una mano de vosotros para hacer mis cosas.

No sabía que fueras vecina mía. Y ahora aprovecho para decirte que hemos hecho una exposición fotográfica de mi viaje a Honduras, y que estará expuesta del 19 al 24 de oct. en Son Dureta, y del 26 al 6 de nov. en Son Llàtzer.

He anotado el nombre del libro “Déjate contar un cuento” para comprarlo.
El cuentito me ha parecido entrañable. Me ha llegado al corazón.

Muchas gracias por todo, y por ser tan buena amiga

Elena

Anjanuca dijo...

Bienvenida Elena,

Ha sido todo un placer conocer tu labor y acercarte a los amigos bloggeros :)

Prometo ir a la ver tu exposición. Y así quizás podamos conocernos.

Un besuco muy grande.

El tejon dijo...

¡¡Que contento estooooy!!