miércoles, 12 de noviembre de 2008

Belleza natural.


Un sacerdote estaba a cargo del jardín dentro de un famoso templo. Le habían dado el trabajo porque amaba las flores, los arbustos, y los árboles.

Al lado del templo había otro templo más pequeño donde vivía un anciano maestro.

Un día el sacerdote ponía especial cuidado en el arreglo del jardín, pues había sido avisado de la visita de unos honorables huéspedes. Arrancó las malas hierbas, podó los arbustos, peinó el musgo y retiró todas las hojas secas caídas de los árboles a causa del otoño. Mientras trabajaba, el viejo maestro lo observaba desde el otro lado del muro.

Cuando hubo terminado, el sacerdote, admirando su trabajo comentó: ¿no es hermoso?

El viejo maestro respondió: Si, pero hay algo que falta. Si me ayuda a pasar al otro lado del muro le ayudaré a poner orden.

El sacerdote le ayudó a pasar al jardín. Lentamente el maestro se dirigió a un árbol, lo agarró por el tronco lo sacudió. Las hojas cayeron esparciéndose de nuevo por todo el jardín.

“Ya está, dijo el maestro, ahora puede usted volver a ponerme en mi sitio”.

(Anónimo)

2 comentarios:

Wara dijo...

Uno no ha de querer cambiar lo que es natural, ni ir en contra de lo que la Naturaleza dispone. Al hacerlo se puede romper la verdadera belleza.

Almudena dijo...

Así es Wara. Todo sería más fácil y más bonito si aceptásemos cómo somos y no nos dejásemos llevar por detalles supérfluos que tan sólo cabia nuestra apariencia por un tiempo.