martes, 3 de abril de 2012

El bosque animado.

Había una nube de color de topo apoyada en el monte Xalo, una nube pesada y desmedida que abrumaba el horizonte. Y vino el viento sur, afirmó los pies en el valle y se la echó a los hombros como un mozo puede cargar un saco de trigo colocado en un poyo. Pesaba tanto la nube  que en la tierra se sentía el aliento tibio y húmedo del viento que jadeaba ráfagas. Quería llevarlas hasta el mar, aún lejano: pero al pasar por el Cercebre los pinos que hay en las alturas de Quintán rasgaron la cenicienta envoltura y todos los granos de agua cayeron, apretados, sucesivos, inagotables, sobre la verde y quebrada extensión del suelo.

Llovió tanto que parecía mentira que restase aire para respirar en el espacio lleno de hilos líquidos y de partículas acuosas que iban i venían, flotando, con aspecto de diminutos seres vivos, como si aquel mar tuviese también su plancton... En los establos penumbrosos, los bueyes fumaban su propio aliento, y en el balcón techado del cura, el gato - con la cola pegada al costado izquierdo, como un espada-, sentado sobre su vientre, miraba con ojos de chino una hora y otra hora, entre los barrotes pintados de azul, cómo caían tubitos de cristal desde las tejas, adormecido en romanticismo.

Entonces la tierra se puso a trabajar, según su vieja sabiduría, para no anegarse, porque a la tierra le dura aún el terror del Diluvio y por eso emana de ella no sé qué de expectación solemne y de angustia que nos penetra imprecisamente cuando la flagelan los chubascos. ¿Dónde meter, Señor, tanta agua? ¿Qué hacer con ella? Y primero la escondió en los sembrados esponjosos y bajo la hierba de los prados, y luego hizo barro del polvo de los caminos, y como aún caía más, todo se dedicó a ayudarla. Las plantas bebieron hasta engordar; las corredoiras aviniéronse a convertirse en cauces; los arroyuelos que bajan hasta el río, olvidados entre herbazales se dieron una prisa ruidosa en llevar y verter su hinchada corriente; cada planicie arada se hizo cartel de escudo, a barras alternadas de plata y ocre, y como escudos de metal abandonados nacieron aquí y allá charcos inmóviles. En la fraga todos trabajaron también: los musgos se ensancharon; las piedrecitas de cuarzo de los senderillos dieron toda la tierra que adhirieran y se quedaron blancas y delatadas; cada hoja cargó todas las gotas que pudo soportar y las sostuvo en lo alto, y esos enanitos de gorros de colores que son los hongos y que tienen sangre de agua porque son hijos de la lluvia, nacieron a centenares, bruscos como un milagro, maliciosos y burlones; porque uno de tallo encorvado que tenía un remate plano e irregular, era evidente que caricaturizaba a la bruja de orto, que atravesaba la fraga con un viejo paraguas abierto , y otro pequeñito y de rojo casquete quería sin duda remedar a la niña del molinero que, cuando llovía, pasaba llevando una antigua y breve sombrilla encarnada de su madre.

(Wenceslao Fernández Flores)

Las imágenes que acompañan al texto las he tomado prestadas de Google y son de las Fragas do Eume (Galicia).  Parte de esta inmensa explosión de belleza luce ha sido destruida esta semana por algún malnacido. Que la madre tierra se levante contra él/ellos y les abrase de la misma manera.

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4 comentarios:

jose dijo...

El bosque desanimado, ahora.
Qué pena!

J.M.Gonzalo dijo...

Hombre fue duro pero no se quemo todo,las leyes españolas son muy permisivas con todo tipo de delitos,pero como las hacen los politicos y los grupos de presion de turno asi nos pinta.Esperemos que se cambien y el que lo hizo lo page de acuerdo con el desastre que provoco.
Besos y una cosa esta clara el fuego siempre existio y los bosques se regeneraron siempre......

Anjanuca dijo...

Carbonizado, Jose.

JM, no he dicho que hayan quemado todo ¡hasta ahí podíamos llegar!. Si siempre ha existido el fuego pero éste ha sido provocado adrede ¿Cuátos años tardarán en regenerarse estas 1000 hectáreas y volver a ser lo que eran? En lo que sí estoy de acuerdo es que las leyes españolas al respecto son una auténtica mierda.

Besucos.

Cantares dijo...

Ya lo había visto pero no deja de asombrarme tanta belleza y tanta maldad para destruirla
Besos