Esta tarde cuando he salido del trabajo he ido al centro a tomar un vino con una amiga. De camino a la terraza donde habíamos quedado me he cruzado con una pareja de mediana edad extranjera. Ella vestida con un espantoso bikini, tipo años setenta, de flores y él con un tanga marcapaquete rojo y estilosa riñonera, ella con más lorzas que el muñeco de la Michelín, él luciendo barriga tortuguera. De pronto he notado como la sangre me empezada a arder por combustión espontánea.
Lo siento si parezco anticuada pero personalmente opino que esto debería de estar contemplado en el Código Penal. Los cargos: por impúdico, de mal gusto y vergonzoso además de una enorme guarrería.
¿Por qué tengo yo que soportar las chichas y tocinos sudorosos de nadie? ¿Por qué tengo que tomar una cerveza junto a un par de axilas peludas y unas lorzas sudorosas? ¿Hacen esto en su país? Lo dudo mucho. No es por cuestión de estética, si hubiesen sido dos cuerpos del tipo “croissant” me hubiesen provocado la misma sensación de náusea y cabreo. Es cuestión de respeto educación. Hace calor, lo sé, vaya si lo sé, pero eso no es escusa. Todos pasamos calor estos meses, es lo que tiene el verano que no es perfecto. Pero si seguimos permitiendo esto ¿qué será lo próximo? ¿Ir en pelota picada por la calle? Parece que estoy viendo los titulares. “Palma de Mallorca, capital europea del despelote.”
La sangre me sigue hirviendo y el humo ya me sale por las orejas.

