jueves, 21 de julio de 2011

¿Por qué lo permitimos?

Esta tarde cuando he salido del trabajo he ido al centro a tomar un vino con una amiga. De camino a la terraza donde habíamos quedado me he cruzado con una pareja de mediana edad extranjera. Ella vestida con un espantoso bikini, tipo años setenta, de flores y él con un tanga marcapaquete rojo y estilosa riñonera, ella con más lorzas que el muñeco de la Michelín, él luciendo barriga tortuguera. De pronto he notado como la sangre me empezada a arder por combustión espontánea.

Lo siento si parezco anticuada pero personalmente opino que esto debería de estar contemplado en el Código Penal. Los cargos: por impúdico, de mal gusto y vergonzoso además de una enorme guarrería.

¿Por qué tengo yo que soportar las chichas y tocinos sudorosos de nadie? ¿Por qué tengo que tomar una cerveza junto a un par de axilas peludas y unas lorzas sudorosas? ¿Hacen esto en su país? Lo dudo mucho. No es por cuestión de estética, si hubiesen sido dos cuerpos del tipo “croissant” me hubiesen provocado la misma sensación de náusea y cabreo. Es cuestión de respeto educación. Hace calor, lo sé, vaya si lo sé, pero eso no es escusa. Todos pasamos calor estos meses, es lo que tiene el verano que no es perfecto. Pero si seguimos permitiendo esto ¿qué será lo próximo? ¿Ir en pelota picada por la calle? Parece que estoy viendo los titulares. “Palma de Mallorca, capital europea del despelote.”

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La sangre me sigue hirviendo y el humo ya me sale por las orejas.

miércoles, 20 de julio de 2011

Juan Formell y Los Van Van

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Tres días, tres larguíííísiiiiimooooossss días quedan para la llegada a Palma de Mallorca de la mejor orquesta cubana: Los Van Van.

Y… ¿Quien tiene ya su entradaaaa?

Una servidora.

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Estoy contenta como una niña con vestido nuevo. Tengo toda la mala intención de romper los zapatos y dislocarme la cadera bailando.

No puedo evitar pensar en Balovega y Yoel. Cómo me gustaría que que pudiesen estar aquí. Lo cierto es que todavía están a tiempo, ya saben que casa tienen.

domingo, 10 de julio de 2011

Facundo Cabral – Un soldado menos.

 

No se ha ido, nos le han robado, nos le han arrancado de los brazos.

Yo os maldigo asesinos de mierda.

viernes, 1 de julio de 2011

Proyectos.

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Los próximos diez días voy a:

- Desayunar cada día a la sombra del porche de casa con mis padres.

- Dar esos largos paseos con ellos a orillas de la mar.

- Hacer largas y pausadas tertulias en la mesa de la cocina con mi familia.

- Abrazar a mi gente, besarles y recordarles lo mucho que les quiero.

- Ir de vinos con mis amigos para ponernos al día y reír hasta que nos duelan las costillas.

- Conocer, por fin, a nuestro amigo Tejón y a su Milagros del alma.

- Disfrutar de largas de lectura en el jardín al atardecer con un chal sobre los hombros.

- Comer pescado del cantábrico hasta hartarme.

- Caminar charlando con mi padre entre los frutales y saborear una sabrosa pera robada al azar.

- Gozar con un exquisito cocido montañés y reposarle después echando una siesta debajo de la higuera.

- Ayudar en la cocina a mi madre y compartir con ella secretos culinarios y confidencias de mujer a mujer.

- Disfrutar de la lluvia de las tardes de verano. Bueno, esto no depende de mí pero no pierdo la esperanza de que algún día las nubes me den el gusto.

En definitiva, disfrutar, descansar y mimarles y dejarme mimar  por ellos.

Que tengáis unos días muy felices.

jueves, 30 de junio de 2011

Exceso de peso.

Dentro de muy poco me voy a mi tierruca a pasar unos merecidos y necesitados días de vacaciones con mi familia y ando en un dificilísimo proceso de selección de libros para que me acompañen.

De momento los únicos que tengo claros son los dos que tengo ahora entre manos: “El cementerio de Praga” de Umberto Ecco y unos deliciosos cuentos de Bioy Casares, “Historias de amor”. Como ya están bastante adelantados, necesito otros dos más.

Y ahí le ando dando poniendo paz entre el corazón la cabeza.

- “La puerta de la Luna” de Ana Mª Matute y “España en los diarios de mi vejez” de Ernesto Sabato, me dice el corazón.

- El primero es gordísimo y pesa una tonelada, te van a cobrar exceso de kilos en el aeropuerto, Contesta la cabeza.

- Puedes llevar en el bolso el de Casares y el de Sábato que son formato bolsillo y no abultan, y los otros dos en el neceser de mano, replica el corazón.

- Te vas a romper la espalda y los brazos con el peso, opina la cabeza.

Total que llevo un par de días quitando libros del montón de “pendientes” y volviendo a colocarlos en el mismo sitio donde estaban sin conseguir tomar una decisión. El tiempo, cruel, me presiona.

Está claro que la obesidad o es mala para la salud o es mala para el bolsillo. O para ambas cosas.

¿?  ¿?  ¿? 

miércoles, 29 de junio de 2011

Por la boca muere el pez.

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Me gusta la playa a primerísima hora de la mañana. Suelo llegar a eso de las ocho y media o nueve, como muy tarde, de la mañana. A esa hora el agua está fresquita (en Mallorca el agua del mar nunca está fría), apenas hay gente, el sol no es fuerte y la temperatura es muy agradable.

A la playa llevo lo justo, toalla, libro y unos euros para tomarme una cañita en el chiringuito antes de regresar a casa a eso de las once.

Ayer, comentaba en la oficina que el domingo aluciné con todo lo que algunas personas necesitan para pasar un agradable día de playa. Ya estaba pensando si recoger mis cosas e irme o si quedarme media hora más, cuando llegaron tres parejas que se colocaron a mi lado. Toda la playa vacía y tuvieron que ponerse bien pegaditos a mí. Extendieron tres esterillas, encima, colocaron tres toallas, sobre ellas pusieron tres almohadas (con el logotipo del hotel) y todo esto lo rodearon con dos sombrillas, dos neveras con cervezas (las abrieron varias veces), dos bolsas del supermercado llenas de patatillas y diversas chucherías, tres sillas plegables, una colchoneta inflable, un disco de playa, un balón y una bolsa de lona enorme que no llegué a saber qué demonios contenía pero que tenía pinta de pesar tonelada y media. ¡Espectacular!. Mientras levantaban el campamento les oía hablar, rusos, y no pude evitar pensar: ¡No habrán venido desde San Petersburgo cargados con todo eso! No me quiero ni imaginar la cantidad y tamaño de las maletas.

Les decía a mis compañeros que es increíble la de trastos que mueve la gente en vacaciones. No hay mas que darse un paseo por el aeropuerto y ver cuántas parejas que viajan solas traen una enorme y pesadísima maleta por cada uno sobre las cuales suele ir un neceser, una bolsa de mano y un bolso cada uno. Yo he llegado a ver algún paraguas amarrado a la maleta, que ya me diréis para qué quiere nadie un paraguas en Mallorca en pleno mes de julio. Manías supongo.

La conversación dio para largo y para muchas risas. En medio de la conversación hice un movimiento brusco con la silla y mi bolso se cayó al suelo. Un compañero le recogió y me dice “¡Pero qué llevas aquí! ¿Piedras?”.

“No”, contesto yo con naturalidad. Lo normal: la cartera, un monedero para la chatarra, un libro, el MP3, un estuche con un bolígrafo y un lápiz, los cleanex, cepillo de dientes, cacao de labios, la crema protectora para la cicatriz de la muñeca, tabaco, mechero, el estuche con las gafas de sol, las llaves de casa y las del coche, un cuadernito pequeño, un sacapuntas y un destornillador pequeño de esos de relojero que puedes abrir el mango y dentro tiene diferentes puntas planas y de estrella. ¡Ah! y un pen-drive.

Esto pasó ayer y todavía hoy me miran y se descojonan de la risa.

Cuadro: "El grande al chico".

Artista: Lili Devo.

lunes, 13 de junio de 2011

La dedicatoria de Nati.

Nati, mi cuentacuentos favorita y una amiga muy querida, ha estado preparando esta semana los textos que leerá mañana en el homenaje a Borges que se realizará mañana 14 de junio en la librería Agora.

Me acordé de que tengo repetido “El libro de arena” y envié un mail diciéndole que si le quería se le llevaría a casa. Nati, me dijo que ya le tenía pero que le encantaría que se le llevase el día del homenaje y se le dedicase. En ese momento me pareció una idea estupenda pero… llevo una semana dando vueltas a la cabeza para escribir la dedicatoria y no hay manera. La verdad es que siempre me ha parecido dificilísimo lo de dedicar un libro. No sabéis qué lástima me dan los escritores cuando tienen que presentar un libro y todo el mundo les pide que se le dediquen.

Cuando he regalado un libro, nunca he sentido la necesidad de poner una dedicatoria. Si he regalado uno es porque sé que la persona que le va a recibir deseaba ese libro y no otro, o porque cuando le leí pensé en ella, o porque conozco a la persona lo suficientemente bien como para saber que va a disfrutar leyéndole. Cuando regalo un libro dedico a la persona todo mi cariño.

Esta tarde, al salir del trabajo, una compañera de trabajo me ha regalado una botella de vino, procedente de una bodega familiar, de esas sin etiquetar pero que tiene un vino de una calidad excelente. Sentada en mi mesa de trabajo, saboreando una copa de ese vino, con “El libro de arena” frente a mí y sobre él la pluma Waterman de mi abuelo, he llegado a la conclusión de que el vino no necesita etiqueta y el libro no necesita dedicatoria. Ambos son importantes sencillamente por su calidad y porque han sido regalados con el corazón.

Si los que me leéis desde Mallorca queréis acercaros, mañana en Agora la tarde tendrá la magia de la Poesía y el Tango.

Borges

Tango: "Alguien le dice al tango".

Letra: Jorge Luis Borges.

Música: Astor Piazzola