"La casa tenía un porche cubierto en el que nuestro padre pasaba muchas horas leyendo o charlando al caer la tarde con el párroco o el alcalde, con el canónigo de la catedral capitalina, con amigos de Palma o conocidos de Deiá. Alguna vez, muy de tarde en tarde, acudía brevemente Robert Graves, el poeta de la melena blanca y los ojos profundos. Se sentaba, tomaba un poco de queso, unas cuantas aceitunas y un vaso de vino, hablaba de esto o aquello (en mal castellano, del que sólo chapurreaba algunas palabras con el abominable acento propio de los ingleses), saludaba y se marchaba. Iba camino del baño cotidiano o de vuelta de él; siempre lo tomaba en Es Canyeret, la diminuta cala en cuyo escar guardábamos la barca de remos y de cuyas rocas él recogía la sal depositada por la marea. Decía que era muy sano hacerlo y cocinar después con ella. Pero ni de Graves tengo un recuerdo preciso. Era uno de los mayores habituales que iba y veía sin que a nosotros nos afectaran sus libros, las gentes que lo visitaban, los amores que luego supimos que tenía. Sólo más tarde, cuando la televisión emitió la serie "Yo, Claudio" , nos dimos cuenta de que era todo un personaje."
"La venganza" – Fernando Schwartz.
Foto: Tumba de Robert Graves (Cementerio de Deiá)
Los libros son dos ejemplares que alguien dejó en honor del escritor; "Yo, Claudio" y un poemario del escritor. Los fotografié este fin de semana pero, a juzgar por su estado, ya hace tiempo que reposan sobre la tumba de Graves. O quizás su estado es por el uso… Sólo quien los puso ahí lo sabe. Sea como sea, a mí me pareció un precioso detalle.

