Los sábados por la mañana suelo madrugar para a ir al mercado del Olivar a comprar víveres para la semana. Este sábado, cuando me levanté, mi barrio estaba cubierto por una preciosa capa de nieve. ¡Qué chulada!
Me di prisa en ducharme, vestirme y desayunar para poder disfrutar de la belleza del día. A eso de las diez, cuando salí de casa, (armada con mi cámara de fotos, por supuesto) nevaba como si estuviésemos en el Alto Campoó. Al subir al autobús me di cuenta de todos nos habíamos vuelto niños. El que más y el que menos pegaba la nariz a la ventana para disfrutar de lo bonita que estaba la ciudad.
Cuando llegué a la Plaza de España, mi parada para el mercado, no pude evitar quedarme quieta en mitad observando lo hermoso que parecía todo. Una señora que estaba a mi lado con la misma cara de tonta felicidad que yo, viendo que sacaba fotos a la plaza,se ofreció a hacerme una. Se lo agradecí y después del posado entablamos una pequeña conversación sobre el tema del día. Después de reírnos un rato sobre las caras de disfrute que teníamos todos, nos despedimos. Ella se dirigió a la calle San Miguel, yo, arrastrando mi carrito, al mercado.
La compra fue rápida sobre todo porque parte de la gente había escapado a los pueblos para jugar con la nieve y la otra parte son de lugares donde las carreteras estaban cortadas y no han podido llegar.
Al subir al autobús para ir a casa tuve la suerte de que había un asiento libre en el lado del pasillo (perfecto porque así el carrito de la compra no incordia a nadie), en el asiento junto a la ventanilla un chico hablaba por el móvil. Una chica se paró a mi lado y se agarró a la barra. Iba yo mirado el paisaje cuando el chico acabó su conversación telefónica. En eso me miró y sonriente me dijo "qué bonita es la nieve ¿verdad? yo es la primera vez que la veo". La chica sujetada a la barra me echó una "miradita" y me hizo un gesto de "vaya viaje que te espera". La ignoré. El chico se dirigió de nuevo a mí "es bonita pero para las cosechas igual no es muy buena ¿no?" y comenzamos una amena conversación. Le pregunté de donde era y me dijo que de Bolivia. Pasamos por delante de un jardín y de nuevo me preguntó si la nieve afectaba a las flores. Le comenté que sí y que yo había metido en casa las que tenía en la terraza para que las heladas y la nieve no me las quemase, que el único que no había podido recoger es el clavel del aire porque se había enredado tanto en la barandilla del balcón que me había sido imposible soltarle. A lo cual,mi boliviano compañero de viaje y amena conversación, contestó: "lo que son las cosas, nunca hubiese imaginado que una cosa tan hermosa como la nieve pudiese matar a algo tan hermosa como un clavel del aire. Belleza destruyendo belleza."
Una parada antes de llegar a la mía me levanté para ir acomodando el carrito y poder acercarme a la puerta. Me despedí de mi compañero y le dije que había sido un placer viajar con él.
Eché una "miradita" a la chica que seguía agarrada a la barra y la hice un gesto de "no sabes lo que te pierdes. Por gilipollas."
Bajé del autobús y me fui a casa. No abrí el paraguas, me gustaba la sensación de la nieve acariciándome en un día perfecto.