miércoles, 16 de septiembre de 2009

Intensidad.


Dame un instante. No quiero una promesa.

Sólo anhelo un ahora donde sentir tu alma, sospechar un suspiro, adivinar tu aroma, esconderme en un abrazo, saborear tus labios, refugiarme en tu piel.

No quiero una promesa, sólo un instante.

Sólo deseo envolverme con la música de tu risa, hundirme en el embrujo dulce de tus ojos. Callar el llanto del cielo con la danza de nuestros cuerpos.

Sólo un instante, un instante fugaz, para perderme en tus brazos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Hasta mañana.



Son tristes las despedidas, aún sabiendo que el reencuentro no será lejano, y dejan un agujerito en el alma donde se refugia la melancolía. Durante un tiempo sólo me acompañarán los recuerdos avivándose para resistir la eternidad que precede al regreso.

Y el día del retorno, cuando las miradas se vuelvan a encontrar, abriré mi cajita de concha de caracola, donde guardo los grandes momentos de la vida, y liberaré los abrazos, los besos y os diré que os quiero.

A Corina y Leo, aún no se han ido y ya los extraño, Volved pronto.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Oración del remanso - Jorge Fandermole.


"Cristo de las redes, no nos abandones
y en los espineles déjanos tus dones."

Dedicado a Tejón (se lo prometí) y a todos los miembros de "Náufragos de la mar".

Canción: Oración del remanso.
Canta: Jorge Fandermole.
Foto: Flota pesquera de Santander.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Cuando crezcas - Francisco Jimeno Sanz.

Cuando crezcas
no recordarás
cómo era el grosor
de tus labios
en la noche;
no sabrás
que tus ojos se cerraban
y detrás siempre había
un ansia de felicidad;
ni que la pequeña luz
que ilumina tu habitación,
me permitía descansar,
pensando que vendrías
a verme por la mañana.

Cuando crezcas
sólo yo sabré
cómo era tu cara
riendo;
que tus ojos
me buscaban
para jugar
por las tardes.

Cuando crezcas
no recordarás
que hubo un tiempo
en el que yo era quien más sabía,
de quien más esperabas.

Cuando crezcas
todos estos recuerdos
me permitirán
seguir soñando
con Dios sabe qué estrellas.

Francisco Jimeno Sanz nació en Madrid en 1954. Desde 1977 reside en Cantabria, primero en Castro Urdiales y posteriormente en Santander. Es licenciado en Filología Hispánica y Diplomado en Filología Inglesa. Profesor de secundaria de lengua y literatura, ha realizado diversos trabajos de investigación educativos relacionados con la Unión Europea. Alguno de sus poemas han sido publicados en diferentes revistas literarias de ámbito nacional. En la actualidad ejerce la crítica literaria en foros regionales.
El poema "Cuando crezcas" pertenece al poemario "Palabras en la tarde" publicado en 1995.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Adivina cuánto te quiero.

La mayoría de los amigos que pasáis a visitarme sabéis que en la blogosfera hay dos niños encantadores que con la ayuda de su papá nos cuentan sus experiencias y descubrimientos en dos blogs muy bonitos: Parapeques y Parapecas.

Anoche, pensando en lo interesante que es lo que están haciendo sobre todo porque lo están haciendo codo con codo con papá (supongo que mamá también aporta algo), pues eso, pensando en ellos me dije: “Anjanuca, te estás olvidando de la literatura infantil. Y eso no está bien.” Así que abro un nuevo apartado dedicado a los futuros lectores, a los niños.

Y, puesto que fue pensando en ellos que surgió la idea, este primer post está dedicado a Jorge y a Lucía.

¿Alguna vez habéis intentado explicar a alguien cuánto le queréis? ¿A que no es fácil? Yo más bien diría que es imposible. No hay forma de medir el tamaño de los sentimientos, quizás por eso es por lo que siempre acabamos recurriendo a la expresión “con toda mi alma” porque es el alma el único almacén que no tiene límites, cabe todo, tenga el tamaño que tenga.

Hace un par de años, una amiga me descubrió los cuentos “Adivina cuánto te quiero” de Sam McBratney, con ilustraciones de Anita Jeram.

El primer tomo se titula así: “Adivina cuánto te quiero” y en él, la liebre pequeña de color avellana y su madre, la liebre grande de color avellana, se cuentan cuánto se quieren. La liebre pequeña de color avellana intenta demostrar a su mamá que es ella quien la quiere más. ¿Lo conseguirá?

He oído que en el Hospital materno infantil de Oviedo regalan este cuento a las futuras mamás para que lo pongan en la canastilla de sus bebés. Magnífica idea que deberían de copiar el resto de hospitales.

Hay otros cuatro tomos de cuentos con estas entrañables protagonistas. Están editados por la editorial Kokinos y se presentan en una caja que contiene los cuatro cuentos que se titulan “Adivina cuanto te quiero…: en primavera, verano, otoño e invierno”.

Si alguien tiene niños pequeños, os aconsejo que les regaléis estos cuentos. Estas dos entrañables liebres os van a hacer pasar un rato fantástico con vuestros hijos.

domingo, 6 de septiembre de 2009

El jardín.


Los lugareños cuentan que fue una tarde de invierno cuando un joven de ropas elegantes llegó al pueblo para comprar la casa. Se había fijado en ella, meses antes, durante un viaje de negocios por la zona. Desde el primer momento supo que esa sería la casa donde su futura esposa y él formarían su hogar. Finalizadas unas pequeñas reformas, el nuevo matrimonio se instaló a principios de la primavera.

Delante de la casa hay un jardín de rosas de mil colores. Dicen que los dos jóvenes las cuidaban con cariño, que todas las tardes se les podía ver entre los rosales podando, quitando las rosas marchitas, sólo interrumpían la labor para juntar sus bocas en un beso apasionado, para entrelazar sus cuerpos en un abrazo interminable. Dicen que en ese jardín crecían a la par las rosas y el amor.

Fue ese otoño cuando la joven enfermó. Una dama vestida de negro cruzó el jardín una tarde de cielo plomizo, venía a buscar a la señora de la casa. Todo se volvió sombrío, la tristeza invadió las estancias, el dolor se adueñó de los días y la desesperación de las noches. El joven viudo cogió sus recuerdos y abandonó el lugar para siempre.

Unas pocas piedras recuerdan lo que antaño fueron muros de una casa. Sólo el bello jardín de rosas multicolor sigue intacto. Dicen los más ancianos que la maleza no crece en él porque el amor de los jóvenes quedó allí para cuidarle.

viernes, 4 de septiembre de 2009

¡Por fin!

Cada vez que se acerca una fecha clave como el día de reyes, o mi cumpleaños, tengo que oír comentarios del tipo “Jo, es que siempre libros…”, “pide otra cosa por si acaso”, así que ya hace años que amenazo a mi familia con no volver a dirigirles la palabra si entre los regalos no hay por lo menos un libro.

Reconozco que, desde que vivo lejos de ellos, es muy difícil que sepan si tengo o no un título en concreto y que se arriesgan a regalarme alguno que ya hace tiempo descansa en mis estanterías. Por eso, suelo ponérselo fácil y les hago una lista con libros que tengo pendientes de comprar o les encamino a los libros de temática costumbrista de Cantabria que me encantan y, además, aquí, en Mallorca, no se publican.

Aun así, hay libros que se resisten. Se resisten mucho, muchísimo. No hay manera de que me los regalen. No hay forma de hacerles entender que para mí hay libros que son un auténtico capricho y que, por lo tanto, me haría mucha ilusión tenerlos.

Uno de esos libros es el “Diccionario María Moliner”. ¡Dios, cómo he suplicado por ese diccionario!, tanto que ya he perdido la cuenta de los años en que al escribir la carta a los reyes (si, todavía la escribo como cuando era niña) después de eso de “Queridos Reyes Magos: este año he sido una niña muy buena, he comido todo sin protestar, bla, bla, bla…. Así que, por si ustedes, consideran me merezco un regalito les doy alguna pista: ADEMAS DEL DESEADO MARIA MOLINEEEERRRRR, me gustaría…..)”. Pues nada, que no había manera y eso que he llegado a decirles que me pasaba al bando del gordo hortera del albornoz rojo. Ni por esas.

El pasado lunes día 31 de agosto, con motivo de mi cumpleañooooossss: ¡Por fin! ¡Es mío! Ya tengo mi Diccionario de uso del español de María Moliner. Lo que se ha hecho desear el condenado pero ya está conmigo ayudándome, junto con el de la RAE, en mis lecturas.

Además, parece ser, que cumplir 41 primaveras debe de ser muy importante porque también me han regalado:

- El viaje del elefante, de Saramago.
- El abandono está lleno de rosas, poemas de Guillermo Balbona Arauna.
- Palabras en la tarde, poemas de Francisco Jimeno.
- Invitación a la imagen, poemas de Leopoldo Rodríguez Alcalde.
- Itinerarios, poemas de Carlos Salomón.
- Intrusos en el tiempo, poemas de Nieves Alvarez Martín.

Estoy más contenta que un niño con un helado de chocolate.